DISCIPLINA FAMILIAR

 

por: Pedro Chavez Murad

Hoy en día, cada vez es más común escuchar que los padres de familia “no pueden con sus hijos”, que existen hijos incontrolables y que nadie puede meter en cintura, hijos que les faltan al respeto a todo mundo y que para que los padres logren que hagan algo tienen que recurrir al chantaje, a las amenazas, a la violencia –física o verbal-, en fin, cosas que no se presentaban antes, pues a nosotros nos educaron con mano dura y firme. La realidad es que el tema de la educación de los hijos se ha vuelto un problema de proporciones epidémicas que no parece tener solución, pues a cada padre de familia parece quejarle la misma situación.

¿Cómo llegamos a esto?, éramos una sociedad donde el padre tenía la última palabra y la autoridad se respetaba casi siempre, pues lo común era que todos los hijos obedecieran y no contestaran a sus papás.

La cuestión estuvo en que si bien era cierto que los progenitores de antes eran firmes, también solían pegar continuamente y su actitud era de autoritarismo la mayor parte del tiempo. Y aquellos hijos que recibían castigos, golpes y falta de comunicación, crecieron y se fueron al otro extremo: se volvieron padres permisivos. Ellos se justifican diciendo: “Mis hijos no van a sufrir lo que yo sufrí”, pero cometen el error de no ponerles límites a sus hijos, y ante alguna situación en que irremediablemente tengan que imponerse a sus hijos, les llega un arrepentimiento enfermo de lo que hicieron porque su propia “herida psicológica” de una infancia de maltrato se ha vuelto a tocar.

Así es, el papá que no ha superado su propia infancia por dolorosa que haya sido, se encontrará muy sensible ante situaciones donde hay que imponerse a los hijos por su propio bien; y no lo hará.

Cada vez surgen más libros, pláticas, talleres y conferencias acerca de la necesidad de que los padres aprendan a poner límites a sus hijos, pero resulta que aún muchos de estos papás se encuentran lastimados y cuando se trata de educar a sus hijos, sencillamente no pueden.

¿Qué hacer?, lo primero es que los papás sanen sus heridas psicológicas, muchas veces conviene una ayuda profesional donde el papá deberá en primer lugar PERDONAR a sus propios padres, porque al perdonar a alguien estamos sacando “la daga emocional” que no deja cicatrizar la herida. Al perdonar nos liberamos y podemos utilizar nuestro potencial humano en forma completa.
Lo segundo que hay que hacer es ENTENDER QUE DEBEMOS EDUCAR A NUESTROS HIJOS, pero que educar no es ni ser autoritarios, ni permisivos. Educar tiene más que ver con el respeto, la responsabilidad, tomar decisiones concientemente, ser firmes al decir “no” en las cosas que hacen daño a los hijos, permitir que los hijos se expresen ofreciéndoles una guía, poner límites en forma respetuosa, aplicar consecuencias, colaborar para encontrar soluciones, y educar también a base de ejemplo. Tercero, LLEVAR A PRACTICA SISTEMÁTICAMENTE TODO LO ENTENDIDO, CON EL ANIMO SIEMPRE DECONOCER MAS.

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Febrero 15, 2005
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